Salomón de la Selva: “Prisioneros” (1922)

Son gente.
De eso no cabe duda.
Gente como nosotros,
que come, que duerme, que se entume, que suda,
que odia, que ama.
Gente como toda la gente,
y sin embargo diferente.

Como les hemos arrancado,
todos los botones
caminan agarrándose
los pantalones,
y llevan el cuerpo doblegado.

Pudiera ser el cansancio,
pero no es eso.
Pudiera ser la vergüenza…
En fin, que nos importa:
¡Son nuestros prisioneros!

Está prohibido darles cigarrillos.
Bien. Se los daré a escondidas.
Alguno de ellos debe haber leído
a Goethe; o será de la familia de Beethoven
o de Kant; o sabrá tocar el violoncello…

Este poema debe tener relación con el Manifiesto de los 93, firmado por un nutrido grupo de intelectuales alemanes al principio de la Gran Guerra (23 octubre 1914). El documento proponía como modelo de supremacía cultural precisamente el pensamiento de Goethe, Beethoven y Kant:

Tened fe en nosotros. Estad seguros de que conduciremos esta guerra hasta el final como una nación civilizada, como el país que custodia el legado de un Goethe, un Beethoven y un Kant, nombres sagrados en nuestros corazones y hogares

A pesar de abogar por la paz, el manifiesto justificaba la guerra.

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